05 junio 2008
02 junio 2008
Tierra trágame...

El otro día entramos Nim y yo en una cervecería de la plaza de Santa Ana, decididos a tomarnos unas cervecitas acompañadas de una buena tapa. Mientras mirábamos la carta y nos preguntábamos cuándo decidiría algún camarero acercarse a tomarnos nota, recordé que, muy cerquita de allí, en el número diez de la calle del León, habían abierto una tasca excelente: buen vino, cañas bien tiradas y una deliciosa selección de ibéricos para acompañar, todo a muy buen precio. En un impulso, me levanté de la mesa. Vámonos - exclamé - odio esperar.
Ya bajando por la calle Prado, echo mano al bolsillo y descubro que he dejado olvidado mi paquete de tabaco y el mechero en la mesa de la cervecería. Con muy poca fe en recuperarlos, volvemos sobre nuestros pasos y, justo en el momento en el que cruzábamos la puerta, un chaval se levanta de la mesa contigua a la que antes habíamos ocupado, agarra mi tabaco y mi mechero y se gira para sentarse. Me acerco con mucho aplomo, tomo el paquete y el mechero de su mano y, sin inmutarme, le digo: es mío, gracias. Vale, balbucea el chaval y, visiblemente azorado, vuelve a sentarse mientras Nim y yo, con toda naturalidad, abandonamos el local.
Debía llevar un rato preguntándose "¿lo cojo o no lo cojo?", comenta Nim, divertida. Y cuando se decidió, ya era demasiado tarde.
Si es que... ¡hay que ser más rápido!
O tener más cara.
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