19 marzo 2008

Javier Ruibal: Tu nombre.

18 marzo 2008

The Eye.



El reciente estreno del remake americano de The Eye, la irregular película de los hermanos Pang, me ha recordado la anécdota que protagonizamos los espectadores de su esteno en Tenerife.

En Tenerife, como en casi todas las ciudades españolas fuera de Madrid y Barcelona, hay poquísimas salas de versión orginal. Quitando algún ciclo esporádico organizado por la obra social de Cajacanarias, sólo dos salas programaban habitualmente películas en V.O.: el cine Víctor, sede de la filmoteca de Canarias en Santa Cruz, y la sala Atenea del ahora desaparecido Multicines Aguere de La Laguna. En esta última se proyectaba The Eye, película tailandesa que intentaba aprovechar el creciente interés por el cine fantástico oriental despertado por Hideo Nakata con su exitosa The Ring, y allí nos fuimos mi complice cinéfilo y yo a verla.

Las sala Atenea programaba habitualmente películas de autor o procedente de filmografías minoritarias, y era frecuentada sobre todo por estudiantes universitarios y outsiders de toda índole, más algún que otro pirado del cine minoritario como mi colega y yo. Un detalle curioso es que en esa sala no se proyectaban trailers ni anuncio antes de la película.Su concepto era parecido al del cine club, donde como ya sabeis uno no va tanto a ver la película como a hablar de ella después; nuestra pedantería no puede desperdiciar oportunidades tan apropiadas para exhibirse. En aquella ocasión, la sala estaba prácticamente llena.

Se apagan las luces, se enciende el proyector. Un murmullo de aprobación recorre el patio de butacas. La secuencia de títulos es tan brillante como atrevida. ¡Qué maravillosa idea romper el encuadre y usar sólo la mitad inferior de la pantalla, en un ángulo tan forzado! Y ese final, con la pantalla ardiendo. ¡Qué talento visual!

(Primera escena de la película)

- Oye, esto es un poco raro, ¿no? ¿Van a seguir mucho tiempo con ese encuadre?

(...)

- Me parece que se ha caído el proyector. ¿Vas tú o voy yo a avisar al acomodador?

- No hace falta, ya ha ido uno de la primeras filas.

- Seremos gilipollas...

06 marzo 2008

¿Estreñimiento electoral?

05 marzo 2008

Trabajo trascendental.


No sé si a vosotros os pasa lo mismo, pero siempre me he sentido incapaz de realizarme a través del trabajo. En ocasiones, he llegado a sentirme bien con los compañeros, cuando por suerte me tocaba buen ambiente, pero me cuesta un gran esfuerzo de voluntad afrontar incluso las tareas más repetitivas y más simples. Supongo que mi trabajo, al cual desprecio, me produce una profunda apatía y me cuesta mucho comprender a otras personas que, sin tener un trabajo especialmente creativo o vocacional, son capaces de sentirse felices o realizadas en su puesto de trabajo.

Hace unos meses, una excompañera de mi novia, muy alternapija ella, comentaba en una comida de reencuentro que en su nueva empresa se sentía muy realizada, que estaba haciendo un viaje interior en su nuevo puesto. Imaginad mi estupor cuando me lo me lo contó mi novia. Hubiera deseado estar allí para que me resolviera todas las dudas que tan insólitas palabras me produjeron: ¿Es muy largo ese viaje? ¿Es de ida y vuelta o sólo de ida? ¿Se puede ir en metro? ¿Para alcanzar el nirvana vale con el billete sencillo o hay que sacarse un billete combinado? ¿Está el tao en la zona A?

Si yo fuera capaz de decir tal gilipollez sin que se me cayera la cara de vergüenza, dejaría este curro y fundaría una secta.