
Al fondo del vagón, un hombre al que apodan el manco puntualiza que no quiso decir tres, sino cuatro cajas.
Mientras tanto, con implacable praxis, una mujer de chándal amarillo sostiene que la venganza, no sólo la vida, está en silbar.
En mi oreja izquierda baila una muchacha con los pies desnudos.
Todo esto acabará el día en que alguna operadora en vez de politonos ofrezca poliátonos.

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